El son jarocho es un género musical extendido principalmente en el estado mexicano de Veracruz. Se ejecuta principalmente durante los fandangos, donde se combina con la danza zapateada y la poesía cantada. La música tiene un ritmo armónico, generalmente sesquiáltero, con síncopas y contratiempos, la lírica tiene versos y décimas; y la danza se basa en el zapateado con algún carácter similar en algunas regiones de México.
La instrumentación básica se compone de jaranas de diferentes tamaños y registros y el arpa que generalmente no se usa en los fandangos tradicionales del sur. También puede incluir marimbol, güiro, quijada, cajón y violín.
El son jarocho forma parte de la música ternaria del Caribe colonial, estando directamente emparentado con el joropo de Venezuela, la mejorana de Panamá y el son huasteco, entre otros. Estas expresiones musicales se desarrollaron durante la colonia con influencias de la música barroca y el comercio interoceánico.
Nombre y origen del son
El adjetivo jarocho señala su pertenencia a la cultura afrodescendiente en la región del Sotavento mexicano. El sustantivo son designaba a principios del siglo XIX a cualquiera de los sones del país que incorporaban baile en el evento popular y contenía rasgos estilísticos mestizos.
Su origen se remonta a la época colonial, donde se mezclaron elementos españoles, indígenas y africanos. Existen registros de que se acostumbraba a principios del siglo XIX desde la Cuenca del Rio Nautla en el Estado de Veracruz hasta Huimanguillo, hoy estado de Tabasco, asimismo en Córdoba, cuenca del Papaloapan, cuenca del Coatzacoalcos, Los Tuxtlas, los llanos de San Juan del Estado de Veracruz, en la localidad de chacalapa y en la parte norte de Oaxaca (Tuxtepec, Loma Bonita, Cosolapa, Acatlàn de Pérez) México.
El son jarocho actualmente goza de buena salud gracias al trabajo de familias veracruzanas como los Vega y los Utrera, quienes en su seno han formado a por lo menos seis generaciones de músicos, versadores y lauderos que han revitalizado este género musical. La interpretación de los sones también sufrió cambios fundamentalmente en su duración, pues mientras que en el tradicional fandango podían durar 30 minutos o más, en la radio y en los circuitos comerciales se quedaron reducidos a escasos tres minutos. La crisis del son jarocho llegó a tal punto que en los sitios clásicamente soneros como Alvarado, Tlacotalpan, Santiago Tuxtla y el Puerto de Veracruz no había músicos que tocaran, pues los viejos jaraneros habían muerto. Esta comercialización del son jarocho también se reflejó en su vestimenta, pues mientras que en la zona jarocha los lugareños llegaban al fandango con la misma ropa con la que trabajaban la tierra, los ballets folclóricos mostraban trajes de lujo que nada tenían que ver con la realidad. El uso del traje jarocho, ese de largos y vaporosos faldones combinados con blusas bordadas no era usado por la gente del pueblo –señala Sevilla– sino por las mujeres de las familias adineradas de Tlacotalpan que lo utilizaban para sus eventos sociales desde el siglo XIX.

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